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Gustavo Pérez Jiménez, por Ruben Vasconcelos Beltrán. Crónica 16/Mar/15

por / lunes, 16 marzo 2015 / Publicado enHISTORIA, ÚLTIMAS

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16 de marzo de 2015

Ciudad para Vivirla y Contarla

Artículo semanal de Rubén Vasconcelos Beltrán, Cronista de Oaxaca

Gustavo Pérez Jiménez

El pasado lunes 9 de marzo falleció en esta ciudad el entrañable amigo y compañero, Gustavo Pérez Jiménez, a quien conocí hace años en las aulas universitarias principalmente porque su presencia brillaba en la tribuna, su cálida voz, su memoria, lucían al declamar los poemas de los grandes poetas de nuestro tiempo. El Paraninfo del edificio central de la UABJO, se llenaba, no había lugar desocupado en aquellas tardes memorables cuando las autoridades coordinadamente con los directivos estudiantiles organizaban los concursos de declamación, en los que participaban otros igualmente reconocidos y destacados estudiantes.

En esos tiempos Gustavo con otros entusiastas compañeros crearon el Grupo Folklórico de la Preparatoria que poco después se convirtió en el famoso Grupo Folklórico Universitario cuya presencia era ineludible en la fiesta de los Lunes del Cerro y más cuando se abrió al público en 1974 el Auditorio en el cerro de El Fortín, inclusive, éste grupo y los del  Instituto Tecnológico de Oaxaca, el de la Escuela Normal y el Infantil del DIF, fueron los que inauguraron a fines de octubre de ese año este nuevo y magnífico escenario construido en tiempos del Lic. Fernando Gómez Sandoval y concluido por el gobernador Lic. Manuel Zárate Aquino, quien en años anteriores y como miembro de la Asociación Folklórica Oaxaqueña conducía la presentación de la Guelaguetza, pues también contaba voz potente y melodiosa y fue quien encaminó al joven Gustavo Pérez Jiménez en este arte que conservó por 49 años.

 

Gustavo Pérez Jiménez y Familia RVB

Imagen: Ruben Vasconcelos. Aparecen Pérez Jiménez con Tere y su pequeño hijo.

                Pero Gustavo además de ser un activo folklorista también dedicaba su tiempo a estudiar, terminó la carrera de abogado en la UABJO, y por la noche se le veía en los ensayos, organizando grupos, por lo que participó en festivales en la ciudad, en el interior del estado y de la república así como en el extranjero. El Grupo Folklórico Universitario  disfrutó de las mieses del triunfo, de los aplausos, de las condecoraciones y los jóvenes que en el actuaban conocieron lugares y escenarios que pocos han tenido oportunidad de conocer; era un hombre estudioso, empeñado en su tarea, entusiasta promotor de la cultura, colaboró con la dirección de Turismo Municipal, con la Secretaría de Turismo del Estado, en la Dirección de Educación, Cultura y Bienestar Social del Gobierno del Estado, en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, en fin, en un gran número de tareas, pero lo que más le interesaba era transmitir su conocimiento y en esto lo siguieron cientos de jóvenes, porque si algo le caracterizó fue su carácter afable, educado, conciliador, siempre poseedor de un gran ánimo para emprender cosas.

Él sabía que nuestro estado es uno de los más extensos del territorio nacional, que se caracteriza por su accidentada orografía y sus prolongados litorales y poseedor de una invaluable riqueza natural, asiento de más de ocho mil comunidades agrupadas en ocho regiones con 16 grupos étnicos cada uno con su lengua nativa, así como  costumbres y tradiciones que vienen desde la época prehispánica y poseedor de un patrimonio edificado que es ejemplo y razón de ser de expresiones artísticas sin cuento con un profundo significado estético simbólico que nos dan identidad y lugar preponderante en el mundo contemporáneo.

El conocimiento de lo anterior le permitió convertirse en un incansable estudioso y promotor de ese saber mismo que compartió a través de los micrófonos de  Radio Universidad de la que llegó a ser su director o en sus libros con sencillez admirable, porque su deseo era más que aparecer como erudito en las materias que trataba, era llevarnos de la mano para saborear con él los pequeños grandes detalles de los espacios que pueblan el Centro Histórico de esta ciudad y sus comunidades aledañas explicando su historia y simbolismo así como las formas de ser de sus pobladores lo que se plasma en el rico calendario festivo del que somos depositarios.

No es extraño encontrar en las páginas de sus obras hablar de la Cuaresma, cómo se celebra en los barrios tradicionales como Xochimilco, Jalatlaco, el Marquesado, o en poblaciones cercanas y lejanas o comentar sus vivencias como cuando asistía con sus compañeros de escuela aquellas mañanas frescas al Paseo Juárez o El Llano, en donde se cantaba al amor, a la alegría y se aprovechaba para entregar una flor a la más hermosa de las mujeres para luego escuchar la florida expresión verbal de los oradores juveniles evocando la belleza.

¿Quién no se sumerge en un mar de reflexiones al ser testigo de la Procesión del Silencio?, decía- cuando los soldados romanos o las imágenes religiosas son llevadas por devotos feligreses por las calles de la ciudad, en medio de un silencio abrazador y respirando el aroma de perfumadas flores en manos de mujeres sencillas, humildes, del pueblo, o los estandartes signo de los tiempos, con su relicario, “milagros” de plata, estrellas y soles o con el encuentro con los amigos en la puerta de los templos, con quienes se cruza una sonrisa, una palabra de afecto, o se disfruta un “pancito” de cuaresma, en medio del sonar de las matracas hechas por las manos hábiles de diestros artesanos.

Gustavo Pérez Jiménez, pedía siempre al visitante ir a Monte Albán, a Mitla, a Tlacolula,  a Santo Domingo de Guzmán, para que admiraran la abigarrada urdimbre de yesería en alto relieve dorado o las imágenes logradas por diestros pintores o la monumentalidad y belleza de los retablos de cedro rojo dorado, exponentes de la alta calidad de ebanistas como don Jesús García, Emilio Bourguet, Ignacio y Carlos Agüero, o el  extraordinario churriguera de San Felipe Neri, histórico porque en él contrajo matrimonio el licenciado Benito Juárez García con la señorita Margarita Maza; la Catedral, centro de la cristiandad oaxaqueña, en cuyo altar mayor se levanta imponente una escultura en bronce que representa el momento sublime de la Asunción de María a los cielos, obra de Julius Tadollini; la Basílica Menor de la Soledad, santuario de la virgen del mismo nombre, la que llegó a éstas tierras allá en el lejano 1620, para quedarse como madre y señora de los oaxaqueños, patrona, guía, conductora, consoladora del pueblo, en fin, él sabía con puntual claridad en qué sitios se pueden encontrar cosas que impacten el espíritu y engrandezcan el orgullo de ser nativos de esta tierra.

Un paseo, una fiesta, una celebración, perdería sentido si no se enlaza con algo que las mujeres han cultivado desde la antigüedad, su gastronomía, no hay pueblo, que no haya practicado ésta, pero no sólo esto, sino disfrutado con sus olores y sabores, colores, si, de muchos colores y sabores, pues qué podemos decir del mole negro, del coloradito, del verde, del amarillo, del pipián, de los romeritos con guajillo y camarón, del guisado de frijol blanco con coloradito, de los tamales, de los camarones enchilados; de las bebidas o de los postres, con sus clásicas trompadas, tortitas de coco, mamones, merengues, nenguanitos, huevo real, etc. de esto también escribió.

Gustavo Pérez Jiménez, con su inconfundible y cálida voz, condujo el Bani Stui Gulal, la Guelaguetza, la Princesa Donají …La leyenda, en el cerro de El Fortín; bailó,  portó los trajes regionales, y vibró con la música de las bandas; declamó porque llevaba dentro el alma del poeta; escribió de nuestros barrios, como el que tituló “Flores de Jalatlaco”, historia novelada  que presentó en nutridas conferencias, y a pesar de los avatares su ánimo no decayó, por el contrario siempre demostró  que el amor por su tierra no tenía límites, que las fronteras no existen, que nosotros somos los que nos resistimos a lograr nuestro crecimiento con los más increíbles pretextos cuando la grandeza del haber patrimonial va más allá del tiempo y del espacio.

Sabes mi querido “Tavo”, cuando pasabas el martes por última vez por la Catedral escuché imaginariamente el tañer de las campanas como aquella noche en la que juntos en la Alameda levantamos la vista y nuestro cuerpo se estremeció al escuchar el eco de sus voces, nunca, como dijo Jorge Mejía, se había oído en una noche serena con un cielo tachonado de estrellas un Concierto de Campanas que hizo derramar lágrimas y perderse en los caminos de la nostalgia y admiración a quienes lo siguieron silenciosos.

Nunca Tavo, he olvidado aquella noche en Río Grande, cuando tu voz acompañaba a otra igual de grande que la tuya, la del gran trovador “Chanta” Vielma y los cuetes y cuetones rasgaban la oscuridad de la noche dibujando azucenas de luz en el firmamento en medio de las voces llenas de admiración del pueblo convertidas en murmullo abrazador  o aquella vez en Tilantongo,  cuando con José Luis Cruz, festejamos los 1000 años de la Cultura Mixteca- ¿Te acuerdas cuando declamaste los bellos pasajes de los legendarios árboles de Apoala?…o cuando platicabas en Cuilapam sobre aquél siniestro personaje que ayudó al fraile a construir su templo, eso es lo que quedó guardado en el corazón de los que alguna vez te escuchamos: ¡Lo lograste amigo!. ¿Sabes qué me dijo hace unas horas, Tere, tu amada compañera? ¿Por qué Dios se lo llevó si era tan feliz con nosotros? Y tu hijo que estaba al lado, al escuchar esto, levantó su vista y en sus ojos brilló un destello de amor por tu recuerdo.

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